Desde los años 70, debido al aumento del precio de la energía, se ha tendido a construir los edificios mejorando su envolvente, de forma que se minimice su consumo energético. Esto tiene como resultado, en muchos casos, edificios prácticamente estancos en los que es muy escasa o nula la renovación de aire.
Aunque todos tenemos muy presente la contaminación exterior, no somos tan conscientes de los niveles que alcanza en nuestros hogares y lugares de trabajo. Se estima que, de media, el aire interior está entre 2 y 5 veces más contaminado que el exterior, de hecho cuando el ambiente en una habitación está “cargado” abrimos las ventanas.
Los contaminantes que se encuentran recluidos en nuestros edificios pueden ser tanto químicos, como biológicos o físicos, y en función de nuestra sensibilidad pueden estar generándonos problemas de salud.

La contaminación química procede de los materiales sintéticos: revestimientos, suelos, muebles,…, vamos lo que huele a “nuevo”, productos de limpieza y biocidas que poco a poco y durante bastante tiempo van disipando sus componentes volátiles en el ambiente. A ellos se unen los humos, gases y olores resultantes del uso de los inmuebles.
En la contaminación biológica se englobarían mohos, bacterias, hongos, levaduras, virus y ácaros. La concentración de muchos de estos agentes depende, en gran medida, del valor de la humedad relativa interior.
Mientras que entre los factores de contaminación física se encuentran campos electromagnéticos, campo eléctrico alterno, electricidad estática. También se puede incluir como contaminación física las condiciones inadecuadas de temperatura, humedad relativa, acústica o iluminación, así como posibles emanaciones de gas radón y partículas de bajo peso molecular.
Esta contaminación nos va a producir inicialmente la sensación de no estar a gusto (disconfort), y a la larga, en función de la sensibilidad de cada persona, problemas de salud.
Tratamiento de la contaminación química interior
Una vez tomada conciencia de la situación hay varias cosas que podemos hacer, en este primer post nos vamos a centrar en la contaminación química.
Lo primero que se nos viene a la cabeza cuando se habla de contaminación química es la necesidad de LIMPIAR El AIRE (ventilar).
La renovación del aire se puede hacer de un modo convencional abriendo las ventanas. De esta forma se pierde el calor o frío que hemos aportado al inmueble mediante el sistema de climatización, y en lo que hemos empleado una buena cantidad de energía. A demás, ventilaremos en momentos y zonas puntuales, teniendo muchas veces que elegir entre una buena sensación térmica o una buena calidad de aire.
La mejor solución para conseguir una ventilación eficiente se encuentra en la ventilación mecánica controlada (VMC), bien con recuperadores de calor, bien mediante control por CO2 y humedad relativa.

Referencias:
- "Manual para que dejes de tirar la energía de tu casa" SLOW.ENERGY
- "VIVIR SINTÓXICOS" Elisabet Silvestre
- "Guía de Calidad del Aire Interior" Comunidad de Madrid
Eva Vida